Cada par de meses alguien me manda el mismo mensaje: «¿ya no se usan Lovable y v0? ¿pasaron de moda?». Es la pregunta equivocada, y entiendo por qué la hacemos: cuando una herramienta deja de aparecer en tu timeline asumes que murió. Pero estas no murieron. Al contrario — nunca habían estado tan caras, tan financiadas ni tan usadas como ahora.
La pregunta interesante no es si pasaron de moda. Es otra, más incómoda: ahora que se nos pasó la borrachera de la demo mágica, ¿realmente valen la pena para lo que prometieron? Y ahí la respuesta no es la que vende el marketing.
los números no son los de una moda que se apaga
Empecemos por enterrar el mito de que «ya nadie las usa». Los números dicen exactamente lo contrario.
Lovable cerró en diciembre de 2025 una Serie B de 330 millones de dólares liderada por CapitalG y Menlo, con una valuación de 6.600 millones — más del triple en unos cinco meses. Cruzó los 100 millones de ARR más rápido que cualquier empresa de software en la historia, OpenAI y Cursor incluidos, y reporta más de 8 millones de usuarios registrados con unos 100.000 proyectos nuevos por día.
Bolt, de StackBlitz, fue de cero a 40 millones de ARR en unos seis meses y presume 5 millones de usuarios registrados. v0, de Vercel, sigue siendo la puerta de entrada para medio Twitter de producto. El mercado entero de vibe coding se estimó en 4.700 millones de dólares en 2026, con un 63% de usuarios que no son programadores.
Así que no: no pasaron de moda. Si esto fuera una burbuja, sería de las grandes y todavía inflándose. Lo cual hace la siguiente pregunta más interesante, no menos.
el modelo de cobro tiene un problema incómodo
Aquí es donde la conversación se pone fea, y es el punto que más me importa, porque no es estética: es estructural.
Casi todas estas plataformas cobran por créditos o tokens. Cada mensaje que mandas para construir o arreglar algo quema una cantidad variable según la complejidad. Suena razonable hasta que recuerdas un detalle: estas herramientas también introducen bugs. Y cuando le pides a la herramienta que arregle el bug que ella misma metió, ese arreglo también cuesta.
Lee esa frase otra vez. Pagas para corregir los errores que la propia herramienta cometió. El modelo de negocio monetiza, literalmente, su propia falta de fiabilidad.
No es un detalle teórico. Cuando v0 migró a cobro por tokens en mayo de 2025, la comunidad explotó. Bajo el sistema viejo, arreglar un bug que v0 había introducido era simplemente otro mensaje; bajo créditos, cada intento cuesta tokens. Un usuario lo resumió perfecto: «arreglar un error toma 3 o 4 prompts, y ahora cada uno me cuesta más tokens. Siento que me penalizan por las fallas del producto». Hay reportes de gente gastando 30 dólares en un día para agregar un par de páginas, con una parte del gasto yéndose en arreglar lo que v0 mismo rompió. Vercel respondió, textual, que no van a revertir el cambio — y en febrero de 2026 más o menos duplicó las tarifas por token dejando el precio del asiento igual, lo que muchos leyeron como un aumento encubierto.
En Lovable la dinámica es idéntica: hay usuarios reportando 400 créditos quemados en menos de una hora arreglando bugs que la IA introdujo. El incentivo está torcido de fábrica: la plataforma gana dinero cuando se equivoca. Ninguna empresa sana diseña algo así a propósito, pero el cobro por consumo lo produce solito, y nadie tiene prisa por arreglarlo.
el número que nadie publica: el churn
Si quieres saber si un negocio de suscripción está sano, no mires el ARR. Mira la retención. Y aquí es donde se hace un silencio muy elocuente.
Lovable se ha negado a compartir su tasa de churn o el reparto entre suscriptores mensuales y anuales. El churn — también llamado tasa de cancelación o de abandono — es simplemente el porcentaje de clientes que se dan de baja en un periodo; es el reverso de la retención, y en un negocio de suscripción es el signo vital que de verdad importa. Cuando una empresa publica con orgullo cada hito de ARR pero esconde la retención, normalmente es porque la retención es la parte que no quiere que mires. El propio CEO de Bolt lo dijo sin anestesia: «el churn para todos es altísimo. Tienes que construir un negocio retentivo» — hablando de toda la categoría, no de un competidor. Bolt cambió su modelo de suscripción precisamente para frenar las fugas.
Y hay una señal pública que acompaña: el tráfico a Lovable cayó alrededor de 40% desde su pico. No es que nadie llegue — es que mucha gente llega, prueba, construye su prototipo y se va. Encima, cada app que un usuario construye le cuesta dinero real a la plataforma, porque le paga a Anthropic o a OpenAI por cada inferencia. ARR récord + churn altísimo + costo marginal real por usuario es una combinación que se ve preciosa en un titular y mucho menos preciosa en una hoja de cálculo.
Esto no convierte a Lovable en un fraude — es una empresa real con un producto real. Pero sí explica por qué la valuación de 6.600 millones descansa sobre un supuesto, no sobre un hecho: que esos millones de usuarios que entran se van a quedar. Los números que sí publican no lo demuestran, y el que lo demostraría es justo el que no publican.
y ahora su propio proveedor compite con ellas: claude design
Hay un giro que vuelve todo lo anterior más delicado. En abril de 2026 Anthropic lanzó Claude Design, su propia herramienta para generar prototipos, landing pages y pantallas a partir de un prompt — y no la vendió aparte: la metió dentro de la suscripción de Claude Pro y Max que ya pagan millones de personas.
Léelo desde el lado de Lovable o de Bolt. Estas plataformas le pagan a Anthropic (o a OpenAI) por cada inferencia: el modelo que las hace funcionar es de su nuevo competidor. Y para cualquiera que ya paga Claude, Claude Design elimina la necesidad de pagar una herramienta separada para el caso de uso más común — el prototipo rápido, justo el 80% en el que estas herramientas brillan. El día del anuncio, las acciones de Figma cayeron alrededor de 7%; el mensaje al mercado fue claro.
Voy a ser honesta con lo que no sé: no hay cifras públicas que aíslen cuántos usuarios perdieron exactamente Lovable o v0 por Claude Design, y prefiero no inventarlas. Pero la dirección del viento no es ambigua. Cuando tu proveedor de modelo se convierte en tu competidor y regala tu caso de uso estrella dentro de una suscripción que tu cliente ya tiene, la presión sobre la retención — ese churn que nadie publica — solo se mueve en un sentido.
la parte que no entra en la valuación: seguridad
Esta es la sección donde tengo que pedirte que no la leas como amarillismo, porque los hechos solos ya pican bastante.
En enero de 2025 se documentó CVE-2025-48757: una mala configuración de Row Level Security en apps generadas por Lovable dejó más de 170 aplicaciones exponiendo correos, claves de API, datos de pago e información personal a cualquiera, sin autenticación. La causa raíz era que el código generado se saltaba las verificaciones de acceso que debía aplicar.
No fue un incidente aislado. En febrero de 2026 un incidente expuso 18.697 registros en universidades como UC Berkeley y UC Davis. Y en abril de 2026, un investigador reveló una filtración masiva que afectaba a todos los proyectos creados antes de noviembre de 2025: con solo crear una cuenta gratuita, cualquiera podía leer el código fuente de otro inquilino. Tres incidentes serios en trece meses.
El patrón importa más que cualquier brecha individual. La promesa de estas herramientas es «no necesitas saber programar». Pero la seguridad — RLS, manejo de secretos, validación de entradas — es exactamente el tipo de cosa que no se ve en la demo y que solo sabes que falta cuando ya falló. Una firma de seguridad probó cinco herramientas populares de vibe coding y encontró 69 vulnerabilidades, seis críticas. No es mala suerte: es lo que pasa cuando generas la parte visible del software y dejas que el usuario asuma que la parte invisible vino incluida.
el muro del 80/20
Y aquí está, para mí, el corazón del asunto. Estas herramientas son genuinamente buenas — a veces asombrosas — en el primer 80% de un proyecto: la maqueta, las pantallas, el flujo feliz, la demo que hace que tu cliente diga «sí, eso». El problema es el otro 20%: los casos límite, las integraciones, el endurecimiento para producción, la seguridad. Y ese 20% es justo donde los proyectos mueren — porque requiere exactamente las habilidades de ingeniería que la herramienta te prometió que no ibas a necesitar.
Los datos del ecosistema acompañan la sensación. La confianza de quienes programan en el código generado por IA cayó del 77% al 60%; se reporta que casi la mitad de las muestras de código generado contienen vulnerabilidades del OWASP Top 10; el churn de código y la duplicación subieron. Generar código nunca fue el cuello de botella. Mantenerlo sí.
entonces, ¿valen la pena?
Sí. Pero no para lo que el marketing te vendió.
Valen muchísimo la pena como herramienta de prototipado. Para validar una idea en una tarde, llevar un boceto a una reunión, mostrarle a un cliente algo tangible en vez de un Figma muerto, o arrancar un proyecto desechable — son lo mejor que ha existido. Ahí el «primer 80%» es todo lo que necesitas, y lo entregan rapidísimo.
No valen la pena como la fábrica de tu producto real. El momento en que ese prototipo tiene que aguantar usuarios de verdad, datos de verdad y mantenimiento bajo presión, el modelo se rompe: pagas por arreglar sus propios bugs, heredas decisiones de seguridad que no tomaste y te quedas con un código que distintos modelos escribieron en distintos días con distintos criterios, sin dueño ni estilo común.
Por eso el flujo que se está volviendo consenso entre quienes lo hacen en serio es híbrido: prototipa en Lovable, Bolt o v0; gradúa la lógica de verdad a Cursor o Claude Code cuando la idea demuestre que merece existir. No es traición a ninguna herramienta — es usar cada una para lo que de verdad es buena.
Hay una regla que aplico a cualquier tecnología nueva antes de meterla a un proyecto: ¿resuelve un problema que ya tengo, y se puede mantener bajo presión — con deadlines, bugs y clientes molestos? Estas plataformas pasan la primera pregunta con honores y fallan la segunda. Y eso está perfectamente bien, siempre que sepas en cuál de las dos estás parada.
no pasaron de moda — maduraron
Así que cuando alguien me pregunte otra vez si Lovable y v0 «pasaron de moda», voy a contestar lo mismo: no. Lo que pasó es menos dramático y más interesante. Dejaron de ser el juguete mágico que iba a reemplazar a los equipos de ingeniería y se acomodaron en su lugar real — una capa de prototipado increíblemente buena, con un modelo de negocio que premia sus propios errores y un historial de seguridad que todavía no merece tu confianza ciega.
El error nunca fue usarlas. El error es creer que el criterio de ingeniería venía incluido en la suscripción. Esa parte sigue siendo tuya — y, irónicamente, vale más que nunca.